«Esta es mi mayor historia de amor».

Todo empezó hace unas semanas con un mensaje de voz en un grupo de WhatsApp en el que participan compañeros de los siete países en los que GoodHabitz está presente: «¡Esto hay que celebrarlo! ¡Os voy a mandar a todos unos pasteles riquísimos típicos de Holanda!». ¿La persona detrás de este generoso ofrecimiento? Mike van Tilburg, uno de los propietarios de GoodHabitz. Un par de días después, las plantillas de las sedes en Eindhoven, Amberes, Fráncfort, Londres, París, Madrid y Milán disfrutaban a la vez de los dulces prometidos. El motivo de la celebración no era otro que el séptimo aniversario de Mike en GoodHabitz. Para unirnos a esta feliz ocasión, Paul van den Hurk, del equipo de Creative Content, se ha sentado con Mike para conversar largo y tendido.

Mike van Tilburg en su séptimo aniversario en GoodHabitz.
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La conversación empieza con una especie de confesión. «Perdona, ando un poco bajo de energía. Anoche salí a tomar algo con un colega y digamos que se nos fue de las manos...». Su mirada soñolienta y la sonrisa pícara dice mucho sobre su salida nocturna. A pesar de la falta de sueño y el viaje en coche a la oficina de casi una hora, Mike se presenta allí a las nueve de la mañana de un viernes fresco como una lechuga. Work hard, play hard. Esta máxima no es solo uno de los valores centrales de GoodHabitz, sino uno de los lemas personales de Mike. En estos siete años, Mike ha logrado hacer de otro de los valores fundamentales de la empresa —celebrar los éxitos— un verdadero arte. «El número siete no tiene un significado especial para mí, pero es el tiempo máximo que he permanecido en un negocio, y eso sí que es especial para mí. Es igual que cuando era joven y me gustaba una chica. Quería que cada nueva relación fuese mejor y durase más que la anterior. Si echo la vista atrás, me parece que GoodHabitz es mi mayor historia de amor».

Trabajando a destajo

Con su taza de café en mano, nos hace otra confesión: «Antes no me gustaba el café, pero como me lo ofrecían todo el tiempo acabé cayendo». Mike recuerda su primera entrevista en GoodHabitz. Era febrero de 2013 y la compañía aún estaba empezando. «Joost (Moerdijk), Patrick (Stijfs) y Maarten (Franken) se pusieron en contacto conmigo, y yo guardaba buenos recuerdos de nuestras colaboraciones pasadas. Tenía otras ofertas, pero Maarten las descartó muy rápido. Me dijo: “Si tenemos buen feeling, ¿por qué irte a otro lado?”. Tengo que reconocer que llevaba razón. Y ahí me dieron carta blanca para moldear el aspecto comercial de GoodHabitz. Ya teníamos algunos clientes, así que había una buena base y eso nos ayudó mucho. Es una historia de emprendimiento absoluto y eso es lo que me atrajo, así como la oportunidad de crear una cultura corporativa extraordinaria. En mi tarjeta ponía “Director comercial”, pero, en realidad, Maarten y yo éramos todo el equipo de ventas, y los dos trabajábamos a tope. No tardé en llamar a Milan Hofmans».

Somos un cóctel perfecto de experiencia y aire fresco

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Mike van Tilburg Propietario de GoodHabitz

Dentro de GoodHabitz, Mike destacó enseguida por su personalidad polifacética. Es capaz de dar un discurso apasionado y emotivo y, acto seguido, hacerse con el micrófono para entonar un rap improvisado. Esto lo convierte en uno de los pioneros en lo que él llama «el ambiente GoodHabitz». «Para mí es fundamental que los trabajadores puedan ser ellos mismos. Que sean felices en el trabajo, que sonrían a diario. Y que sientan que pertenecen a un mismo equipo, a una familia. Juntos, formamos un equipo único: un cóctel perfecto de experiencia y aire fresco. No me refiero necesariamente a gente joven, pero sí a personas que aporten una energía renovadora a la empresa. Cada una de ellas es única y maravillosa. Maarten a veces se refiere a todos nosotros como “gente singular”. Con esto quiere decir que somos fieles a lo que creemos, y también auténticos. Estos rasgos nos definen y hacen que le demos un toque y un tono únicos al mercado de la formación online».

Un lugar especial

Cuando Mike habla sobre la cultura y el equipo humano de GoodHabitz, los ojos le brillan. Se inclina hacia delante, se acelera al hablar y a veces incluso tropieza con las palabras. «Perdona si sueno como un disco rayado, pero es que de verdad quiero transmitir este legado a mis compañeros. Uno no siempre es consciente del impacto que puede tener como empresa. Quiero crear un entorno de trabajo específico para cada uno de nuestros más de 160 empleados de GoodHabitz. Espero que, cuando cumplan 80 años y estén disfrutando de una merecida jubilación, se acuerden de GoodHabitz con cariño. Me encantaría que al echar la vista atrás viesen esta etapa como un momento muy dulce, una aventura en la que hayan dado el 100 %».

«Quiero hacerlo todo lo mejor posible: ser un buen padre, un buen amigo, un buen emprendedor…».

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Mentalidad ganadora

La pasión es una constante en la vida de Mike. En 2016 y 2017, su vida profesional y privada dieron un giro. Gracias al impulso financiero de Parcom Capital, GoodHabitz empezó a crecer con una rapidez vertiginosa. Y con el nacimiento de su hija Amy y, un poco más tarde, de su hijo Vince, Mike también tuvo que asumir un papel importante en casa: el de padre. «Quiero hacerlo todo lo mejor posible: ser un buen padre, un buen amigo, un buen emprendedor y mucho más. Pero a veces es difícil. Mi coach, Albert Sonnevelt, me fue de gran ayuda. Por ejemplo, me llevó un tiempo acostumbrarme a la idea de que GoodHabitz se estaba convirtiendo en un gran negocio. Antes, solo tenía que presionar un botón para ver los resultados… Bueno, es un decir. Sin embargo, ahora ya no funciona así. Albert me lo explicó entonces con la metáfora de una gota de tinta. Cuando una gota de tinta cae en un vaso de agua, podemos seguir su descenso y ver exactamente a dónde va. De forma lenta pero segura, esta gota cambia ella sola el color del agua que hay en el vaso. Pero, en un acuario, una sola gota no es suficiente para transformar el color del agua y es imposible vigilar cada gota para ver hacia dónde va. Esto es lo que pasa con GoodHabitz hoy en día: el resultado de nuestro trabajo no es visible de inmediato».

La cultura GoodHabitz

Antes, GoodHabitz era como una pequeña tienda familiar en Eindhoven. Ahora, se ha convertido en una empresa internacional con casi 200 empleados en siete países. «La cultura GoodHabitz está en constante evolución. Ahora que tenemos una sucursal en Italia, por ejemplo, no nos proponemos transferir nuestra cultura corporativa a Milán, sino que queremos construir junto con nuestros colegas italianos una nueva cultura. Por supuesto, conservamos siempre los valores fundamentales: tener una actitud positiva, celebrar los éxitos, dar feedback, trabajar duro y disfrutar al máximo. Estos valores son la base de la cultura GoodHabitz, y luego nuestros compañeros internacionales deciden cómo interpretarlos y ponerlos en práctica. Al fin y al cabo, estos valores deben integrarse en la cultura de cada país y los estándares y valores personales de cada empleado».

«Aunque el próximo año estaremos activos en 10 países, hay casi 200 países en el mundo, así que esto es solo el principio».

Un búmeran para volver

Lo que llama la atención es que GoodHabitz tiene una tasa muy baja en cuanto a rotación de personal. En los Países Bajos, el número de empleados que han dejado la empresa de forma voluntaria es de cuatro... y estas mismas cuatro personas han querido volver a trabajar con GoodHabitz en menos de un año. «Es algo que me enorgullece, por supuesto, porque es una prueba de que GoodHabitz es un lugar excelente para trabajar. Es normal y totalmente comprensible que alguien quiera explorar otras opciones, probar otro ámbito o un puesto distinto. Apoyamos esta iniciativa. Pero también les damos un búmeran como regalo de despedida. Es un símbolo de que esperamos que encuentren el camino de regreso a GoodHabitz en algún punto de sus vidas, como un búmeran que siempre vuelve. A lo mejor no es su caso, claro, pero hay que tener en cuenta que nuestra tasa de retención de personal ahora mismo es del 100 %. Está genial, ¿no?».

Con la vista en el futuro

En estos siete años en GoodHabitz, Mike ha cambiado mucho, tanto en el trabajo como en lo personal. Ha ocupado diversos cargos en varios países y su vida privada también ha experimentado cambios importantes. «Cuando empecé aquí, estaba soltero. Ahora tengo cinco hijos con mi pareja. Me he mudado bastante y seguro que me casaré algún día. Sinceramente, he tenido que reinventarme casi una docena de veces en los últimos años. También en lo referente a los negocios: he hecho muchas cosas y he aprendido mucho. Y, aun así, siento que es solo el comienzo. El año que viene estaremos activos en diez países. “¡Son un montón!”, suele decirme la gente. Y sí, son muchos, pero hay casi 200 países en el mundo, ¡así que en realidad esto es solo el principio!». ¿En qué papel se imagina Mike en el futuro? Parece que eso aún está por verse. Cuando se lo pregunto, saca una de sus tarjetas y me dice: «Mira, las hice la semana pasada. Sale mi nombre y mi número, pero no el cargo que ocupo, porque no es relevante. Te diré que tengo muchos proyectos para GoodHabitz en el futuro cercano. Principalmente, voy a dedicarme a la investigación para definir qué es lo que más necesita la empresa. Sé que serán proyectos empresariales relacionados con las personas y la cultura. Porque si hay una cosa de la que estoy seguro es que esto es lo que mejor se me da».

 

Nota: Después de leer este artículo, Mike nos dio luz verde para publicarlo con una pequeña petición. «¡Por favor, añadid al pie que mi novia Marieke es en verdad mi mayor historia de amor!».

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